Friday, April 18, 2014

García Márquez y la poesía



 García Márquez y Neruda


Anoche, después de ver una foto en la que está con Neruda, pensé en García Márquez como lector de poesía, para no hablar de la mucha poesía que habita su obra.

Hoy leo el último párrafo de su discurso al recibir el Nobel:

En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía.

Muchas gracias”.

Ha dicho.

Wednesday, April 16, 2014

Kubrick lee a Salinger





 Diane Arbus
Vi anoche El Resplandor, así como casi todo el documental que nos recomendó Gustavo. Ver la película, bajo el influjo de las diversas especulaciones referidas en el documental, es verla en estado de alerta, tratando de captar cosas no dichas en el documental. Así, pude percatarme de que el libro que Shelley Duvall está leyendo en su casa, mientras desayuna con el niño, es El guardián entre el centeno (The Catcher in the Rye), de J. D. Salinger. Llevaba el libro más o menos por la mitad, y cuando lo coloca en la mesa, para comerse su sándwich, podemos ver que tiene la página marcada.

Otra cosa: alguien lee mucho en esa casa. Detrás de la mesa divisé libros apilados.
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Aunque muy evidente (no sé si tan comentado), retuve la primera referencia a un laberinto que se haca en esta espléndida película.

Wendy (Shelley Duvall), sorprendida por la gran cocina del hotel, le dice al chef, que ella va a tener que regar migas por el piso, cada vez que le toque entrar a la cocina. Sólo así encontrará la salida. “No es para tanto”, le responde Scatman Crothers, actor  que encarna al adorable chef.
Apunto la relevancia del detalle, porque más adelante el film nos mostrará que salir de un laberinto será salvar la vida.
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Llegué al documental varios minutos después de su inicio. Por eso, no sé si hay en él referencias a la novela de Salinger. De lo que sí estoy seguro es de lo atractivo del dato, seguramente muy trajinado por otros, pero nuevo para mí, despistado y tardío espectador de claves. Que me dispensen los avisados.
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Nadie olvidará que El guardián entre el centeno, además de ser un libro merecidamente leído y admirado, tiene en su recepción, un lado inquietante. Recordemos un ejemplo de esa fama extraña: Chapman, después de asesinar a John Lennon, se quedó en el edificio Dakota hasta que llegó la policía. ¿Qué hizo mientras tanto? Leyó El guardián entre el centeno, más o menos, hasta la mitad.
Era el 8 de diciembre de 1980, el mismo año, por cierto, en que se estrenó El Resplandor. Sin duda, la aludida sincronía es un apetitoso rábano que no debe ser  tomado por las hojas.
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Anoté también un momento de la abundante simetría kubrickiana: antes de que las gemelas aparecieran en la sala de juegos del hotel, Danny, que había lanzado al blanco tres dardos rojos, recoge dos, y mira a las niñas. Esas ominosas mellizas –como han dicho algunos-, parecen tomadas de una famosa fotografía de Diane Arbus. Homenaje, le dicen.
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Como no puedo dejar de arrimar la brasa para la sardina gastronómica, debo decir que disfruté de nuevo la escena en la cava de las carnes. Tras informarle a Wendy que puede pasar todo un año sin repetir el menú, el chef le enumera la existencia: quince asados de paletilla, treinta paquetes de hamburguesas, doce pavos, cuarenta pollos, cincuenta solomillos, casi treinta lomos de cerdo y veinte piernas de cordero.

Nada de eso anima a Danny, quien confiesa al final del recorrido, su preferencia por las papas fritas con kétchup.
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Sentir terror en el cine es un verdadero placer, pero sólo los grandes directores nos pueden dar miedos memorables. Pienso en Hitchcock, con Psicosis y, sobre todo, en esta película de Kubrick, que mejora notablemente un género fatigado por los terrores automáticos de tantas obras deleznables que anuncian con “música de miedo” cuándo debemos sentirlo.
Salvo la cara de loco que nunca pudo quitarse el Jack Nicholson de Atrapados sin salida, las señales de pánico de este filme, si bien no se ocultan, son más una atmósfera que una carta convencional para jugar con el público. Por eso, El Resplandor es una delicia. Que un espacio, como el hermoso hotel de montaña Overlook, sea el centro de esta historia, es, de suyo, un regalo lujosísimo. Que a ello se añadan un soberbio laberinto vegetal, un baño para caballeros diseñado por Frank Lloyd Wright y un espléndido salón de fiesta, es demasiado. Pero que, además, suene música de Penderecki, Ligeti y Bartok, ya es intolerablemente excesivo.
Gracias a ese exceso, sin el cual no habría arte, Kubrick consigue con El Resplandor tocar el cielo

Tuesday, April 08, 2014

COOK



Elisha Cook Jr. y Marie Windsor en The killing. 1956

No recuerdo si alguna vez ganó. Si así fue, con seguridad se cayeron todas las apuestas. Y es que nadie le ganaba perdiendo. Esa era su gracia en los tiempos de esplendor. De allí su invariable rol en los repartos.

Adquirió ese sello con honores en “El Halcón maltés” y lo ratificó en memorables apariciones, como la que tuvo con Kubrick en Atraco perfecto (The killing).  En esa ocasión su convincente fragilidad casi se extrema, como pareja de la poco confiable Marie Windsor.

“Urna blanca” le habría encargado Toto de Lima, con su habitual sorna sobre los ingenuos.

A veces fue malo, pero no maligno. 

Lo recuerdo de portero en el Dakota, dirigido por Polanski en aquel prodigio de película.

Se llamaba Elisha Cook Jr. Todos terminamos adorándolo.

Monday, April 07, 2014

Atraía y fulminaba (Octavio Paz sobre María Félix)




A los venezolanos siempre nos agrada recordar que en su país la llaman “La Doña”, por Doña Bárbara, el personaje de Rómulo Gallegos que ella, soberbia y bella, encarnó para la inmortalidad.

Octavio Paz, su paisano y contemporáneo, escribió:

María Félix nació dos veces: sus padres la engendraron y ella, después, se inventó a sí misma. Muchas mujeres nacen hermosas y otras, a fuerza de cuidados y afeites, se fabrican una belleza; únicamente las actrices (y no todas: unas cuantas) transforman su físico en una imagen, compuesto indefinible entre lo real y lo irreal, lo sensible y lo ficticio (…) La María Félix que conozco y con la que a veces converso no es la misma, aunque no sea menos verdadera, que la otra. La María-imagen no es irreal: habita otra realidad.

(…)

El mito de María Félix… no es enteramente imaginario, como casi todos los del pasado, sino que es la proyección de una mujer real. Nació ante nuestros ojos y nació como un relámpago que desgarra las sombras. Fue y es un desafío ante muchas convenciones y prejuicios tradicionales. No es extraño que haya provocado irritaciones, despecho, calumnias. La envidia es una forma invertida de la admiración. María Félix es una mujer muy mujer que ha tenido la osadía de no ajustarse a la idea que se han hecho los machos de la mujer. Es libre como el viento; dispersa o congrega a las nubes, las parte o las ilumina con una centella, con una mirada. Su magnetismo se concentra en sus ojos, alternativamente serenos y tempestuosos: atraen y fulminan”.

(OCTAVIO PAZ, 1992)   

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Como todos recuerdan, José Alfredo Jiménez se cansó de rogarle, se cansó de decirle:

“Que yo sin ella de pena muero”.

“Ella” cumple cien años y no los representa.